El vagabundo ladeó su cuerpo por las orillas desconocidas del mundo. Después de rehidratar su espíritu con los líquidos dulces que hacen mas ligeros los pies, entre pensamientos erráticos, caminos azabaches como su piel y esperas por cosas que él mismo podía hacer no esperar, sintió en su abdomen el vibrar rítmico de una música solemne, tan épica como antes nunca había escuchado. Se levanto. Alrededor cúmulos de almas caminaban en una sola dirección, y sus instintos le guiaron al mismo camino. Lentamente comenzo a sentir el aroma del incienso popochtli ardiendo en la distancia. Llego a una explanada, un patio enorme con jardines que sobresalían del suelo protegidos por vallas de piedra, rodeados de almas que paseaban sus escénicas por los caminos grises de cemento, y dibujado a manera de mosaico un rompecabezas de lineas en el piso.
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| Distancia Uei teokali |
Inquieto, el hombre se detuvo ante esa imagen difícil de olvidar: Centenares de almas, haciendo un barullo enorme en lenguas conocidas meciendose en olas enormes, gritando riendo, saltando y vaciando sus corazones en un silencio aparente, en un florido multicolor que mezclaba sus aromas con los del propio incienso, elevándose en humaredas erguidas orgullosas hacia el cielo partido en el ámbar y el azul, Dominado por dos poderosas torres de antaño, protegidas por un enorme muro de roca de 3 hombres de altura, y al fondo, el estruendo de los tambores.
Entonces cayó en cuenta, los vigilantes tlapixki le observaban. Debía seguir caminando. No quería levantar sospechas , así que esquivo las miradas de los guardias y se coló entre la multitud. Con cuidado de no acercarse mucho a las animas que lo volteaban a ver, reconociendolo como extraño entre los suyos. El poderoso estruendo de múltiples panueuetl atravesaba las entrañas del hombre. y sus oídos buscaban como xoloitskuintles el origen de los golpes en el suelo.
Fue en ese momento, mientras buscaba el origen de los tambores, que un caracol fue soplado a sus espaldas y al voltear la mirada, los vio: 10 Guerreros formando un circulo, 8 alrededor y 2 al centro, junto al incienso que ardía con vehemencia en el suelo. Penachos de oscuras plumas en la cabeza estaban por encima de un cráneo pequeño que decoraba las cabezas de los hombres, taparrabos de plata y ébano protegían su intimidad de los malvados, y decorados de plumas con caracoles en las extremidades aumentaban la magnificencia de sus cuerpos, defendidos fieramente por un escudo de jaguares, águilas o serpientes. Los atronadores instrumentos hacían bailar pequeñas esquirlas en el suelo y los órganos del vagabundo eran masajeados por el intenso golpeteo contra las pieles. Todo marcaba el ritmo de los danzantes centrales. quienes se movían lentamente al tiempo que les marcaban los cilindros. El mas impresionante de ellos, con el rostro pintado de negro y blanco se detuvo, y su compañero lo siguió. Silencio.
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| Sopor yaokuikatl |
Almas alrededor se detuvieron y voltearon sus rostros hacia los caballeros. De repente todos estallaron. Un salto, con una danza, y el trueno del tambor. La energía impactante de los dioses revelada en la fuerza de sus seguidores. La energía aumento, la fuerza aumento, pero no el caos. Los cascabeles el tambor, los caracoles y el baile se fundieron en un solo clamor imponente que llego a sentirse alrededor de toda la explanada. 6 tambores unidos en una canción que se fundía con la energía pura y magnificente, recordando fiestas ancestrales y bailes donde antaño los edificios hechos de piedra solida estaban alrededor de lagos, el sacrificio eran derecho de nobles y la luna y el sol eran reverenciados por igual entre los mortales.



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